No es bueno que el diseñador gráfico esté solo

La vida profesional de un diseñador gráfico está llena de sobresaltos. Uno siempre tiene la sensación de que no termina de aprender nada y que debe enfrentarse al siguiente encargo desde cero. A la adaptación constante a los cambios culturales, las modas estéticas y éticas, el relevo generacional, la situación sociopolítica o económica se suman la evolución tecnológica de las herramientas que usamos.

Cuando empecé a meter la nariz en esto de crear imágenes para empresas a cambio de un poco de su dinero, la tarea consistía básicamente en un pulso entre tu imaginación y las posibilidades prácticas de las precarias y a la vez fascinantes herramientas que usábamos: Rotuladores, aerógrafo, letras y tramas adhesivas, repromaster, estilógrafos, compás… eran algunos de las cachivaches que se empleaban (en la medida en que uno tenía dinero para comprarlos, puesto que algunos salían tan caros como 5 ordenadores juntos) para crear unos diseños que aún a menudo dejaban constancia de la mano del autor, aún eran en buena medida artesanos.

La llegada de los primeros Mac fue gloria bendita para algunos (los más jóvenes) y un incordio para otros. Recuerdo a un diseñador con un ego tan grande como su estudio, estupefacto ante la idea de que todo su arsenal de instrumentos, máquinas del tamaño de  una lavadora y su colección de hojas de Letraset envidia de la profesión iban a quedar obsoletas de un plumazo.

La reacción de muchos fue, primero, negar la realidad: esos aparatos que no sabían manejar en realidad sólo servían para hacer textos. Más tarde, negar sus ventajas: todo lo que se hacía con ellos tenía la misma imagen monocorde con los mismos efectos y “degradés”. Y al final, subirse al autobús por el método de admitir en su seno a un becario sin el aura de Gran Esteta pero con los conocimientos y la curiosidad para aprender cosas nuevas. De tal modo que el Gran Esteta y el becario informático se miraban con mutua admiración hasta que llegaron a transmitirse el uno al otro parte de sus conocimientos… Así nació el diseñador de ordenador.

Todo esto viene a cuento de las sensaciones que me transmite la situación en la que viven algunos solitarios diseñadores gráficos ante la creciente importancia de la gráfica multimedia en detrimento de la imagen estática. ¿Debemos todos, viejunos incluidos, aprender del pasado, eliminar los miedos y lanzarnos al Flash, el JavaScript, el dreamweaver, after effects y toda la pesca? ¿Tenemos que olvidarnos de seguir creando pensando sólo en el papel y en su inmovilidad, en su falta de interactividad?

La dificultad actual reside en el carácter absolutamente anti-intuitivo de las herramientas multimedia. Aquello de arrastrar y soltar, iconos obvios en las herramientas y acciones y comandos fáciles y visuales fueron factores que facilitaron el acceso al uso de la herramienta del ordenador (mérito de Apple y su visión de lo que debían ser estos cacharros).
Sin embargo, cualquiera que intente dominar un programa como el Flash o algunas acciones con ActionScript se dará de bruces con una interfaz áspera hasta el colmo y una metodología que recuerda a nuestros primeros cursos informáticos de Basic. ¿Como alguien con aspiraciones pseudoartísticas puede enfrascarse en este cenagal de lenguaje matrix sin salir asqueado? ¿Qué fue del mantra WYSIWYG (What you see is what you get)?

Así que, lo siento hermanos, por aquí no paso. El Gran Esteta es mi ejemplo en esta hora amarga, y mi salvación es encontrar a ese adolescente friki de internet que domina sus arcanos con sólo una mirada. Yo seré su Gran Esteta, su guía espiritual con mi gran experiencia (aunque sé que no sé nada), y él tal vez sospeche, o no, que le admiro.

Hasta que llegue el día del advenimiento de ese nuevo ser híbrido, ese que vea belleza en el código, como quien lee una poesía.

Hasta entonces, gracias becario. Haces que no me sienta tan solo y tan perdido.

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